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Elevadores, montacargas y subescaleras

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Aunque pensemos que los ascensores son un invento muy moderno, la necesidad de utilizar aparatos que ayudaran a personas o cosas a subir o a bajar es muy antigua. ¡Desde las primeras civilizaciones! Por supuesto que no eran tan sofisticados como los de hoy en día.

Existen referencias históricas que cuentan que el emperador romano Tito, en el año 80 d.C. hizo construir un elevador para incorporarlo en el Coliseo, para que tanto los gladiadores como las fieras pudieran acceder a la arena. Este elevador fue construido por el arquitecto Arquímedes y funcionaba con cuerdas y poleas. Antiguos pero con idea, ya que los ascensores antiguos y medievales, seguían el sistema de tracción sobre la base del actual mecanismo de la grúa.

El sistema realmente más evolucionario desde la antigüedad, que finalmente condujo a la creación de los ascensores actuales, fue el basado en la transmisión a tornillo. El aumento del precio del suelo, lo que llevó a hacer parcelas con más plantas utilizando los mismos metros cuadrados, y el descenso del precio del acero fueron las causas que movieron a los hombres a pensar en algún aparato que permitiera suplir las necesidades de subir y bajar edificios, sin utilizar las escaleras.

Pero esto no ocurrió hasta el siglo XIX. El primer paso lo llevó a cabo Elisha Otis, fundador de la empresa que actualmente lleva su nombre, en 1852, quien inventó el primero freno de seguridad para ascensores. Hasta el momento montar en uno de los elevadores de vapor, era toda una odisea, además de que con demasiada frecuencia se desplomaban. En 1857 se instaló el primer ascensor con este freno, en un edificio de cinco plantas.

En 1872, un trabajador de la compañía Otis, C. W. Baldwin, inventó el elevador hidráulico, a pesar de que no empezó a producirse hasta al cabo de dos años. Este nuevo tipo de ascensor retiró el de vapor. Y hasta el 1904 los elevadores hidráulicos fueron el sistema dominante en los edificios, aunque ya desde 1880 se empezaron a instalar los primeros ascensores eléctricos de engranajes. Al principio, muy lentos y solo aptos para edificios con poca altura. Pero en 1904, se instalaron las primeras máquinas sin engranajes y estos desbancaron los hidráulicos.

Estos nuevos ascensores, rápidos y con límites de altura elevadísimos, causaron la revolución de los rascacielos. Su funcionamiento era tan bueno, que hasta el 1948 se siguieron usando.

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